La sanidad, más sostenible con la innovación

Los medicamentos innovadores son salud para las personas, puesto que son responsables del 73% del aumento de la esperanza de vida en el mundo desarrollado, y son eficiencia para el sistema, porque ahorran; por lo tanto, nunca pueden ser un problema para la sostenibilidad, sino una solución.

 

La razón de ser de la industria farmacéutica es la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos que aporten soluciones a los pacientes  y también que esos medicamentos lleguen a quienes los necesitan. Son conceptos indisolublemente unidos.

 

Ante afirmaciones que sostienen que los medicamentos innovadores ponen en riesgo al sistema sanitario hay que decir que el medicamento es ahorro, tanto directo (en otras prestaciones sanitarias) como indirecto (al reducir los gastos en cuidadores o las bajas laborales), tal como muestra la evidencia científica.

 

Y, si esto es así a medio plazo, a corto tampoco hay riesgo acuciante.

 

Hay diferentes mecanismos de racionalización de la inversión en medicamentos: la regulación de precios, un sistema garantista y regulado por ley en el que participan el Gobierno y las CCAA, además de otros expertos cuando se considera necesario; medidas de colaboración entre laboratorios y administraciones sanitarias (techos de gasto, pago por resultados, etc.); la competencia dentro del periodo de protección industrial del medicamento (una realidad creciente, puesto que a menudo aparecen con rapidez fármacos distintos para una misma indicación); la competencia al expirar la patente con la llegada de genéricos y las consiguientes bajadas de precios, y el Convenio de colaboración entre el Gobierno y Farmaindustria, que, grosso modo, implica que si el gasto público en medicamentos crece más de lo que lo hace el PIB la industria devuelve la diferencia.

 

Todo esto permite que la realidad de hoy sea que sólo el 30% del gasto público en fármacos corresponda a medicamentos de menos de 10 años, los que estarían bajo protección industrial, y que esa proporción se mantenga constante en los últimos años pese a que no han dejado de incorporarse innovaciones y a que el gasto farmacéutico total haya caído del 1,57% del PIB en 2010 al 1,44% en 2018, y nos permite por tanto estar en condiciones de garantizar el acceso de los pacientes al medicamento en un marco sostenible y trabajar así en las medidas que faciliten extraer la mayor eficiencia a la innovación.

 

Entre estas medidas está hablar del medicamento como inversión, que es lo que demuestra la evidencia, y no como gasto, y darle el papel protagonista que tiene, cada vez más relevante en una sanidad que deja de ser de agudos para serlo de crónicos; avanzar en la medición de los resultados en salud de las innovaciones, algo para lo que ya disponemos de los instrumentos, las tecnologías de la información, y que es imprescindible para conciliar acceso de los pacientes a los nuevos medicamentos y eficiencia y sostenibilidad del sistema sanitario, y modificar el modelo de financiación, para trascender la visión a corto plazo que impone la política presupuestaria e introducir una perspectiva más amplia que tenga en cuenta el valor clínico, económico y social de la innovación y cómo se traduce en ahorro para el sistema sanitario a medio y largo plazo.

 

Debemos ligar innovación, acceso y sostenibilidad, y todos los agentes del sistema sanitario, trabajar juntos para fortalecerlo y atender mejor los desafíos que hay por delante.

 

La industria farmacéutica tiene claro que debe mantener el compromiso con los pacientes, como razón de ser del trabajo de investigación y desarrollo de nuevos medicamentos, y con el sistema sanitario.

 

 

Francisco J. Fernández, director de Comunicación de Farmaindustria

 

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